¿Se puede (o se debe) hacer política con la cultura en tiempos en los que se empeñan en hacer un espectáculo de la política?. Esta semana nos ayudan a responder a esta pregunta Camila Monasterio, música que ha impulsado la cláusula mantera y la escritoraMarta Sanz.

Camila Monasterio es una música que ha impulsado la cláusula mantera. Una cantante que se ha rebelado contra la SGAE exigiendo que los manteros no vayan a prisión. Eso es participar de la política y de la cultura. Es pintar una veta por donde poder ponernos a pensar. Es cortocircuitar una ley que le parece injusta, innecesaria, dolorosa y ciega a la realidad.

Marta Sanz, después de la increíble Daniela Astor y la caja negra ha dado un puñetazo encima de la mesa. En sus propias palabras: “un ensayo esquizoide que pretende ser cualquier cosa, menos académico. Aquí no hay vocación de transparencia. Ni de limpieza. Ni de claridad. El exceso de higiene debilita la salud. Este texto aspira a manchar de tinta las manos que lo agarren. Como el papel de periódico. Estos pensamientos –soflamas al margen de cualquier cautela– responden a la incertidumbre y a cierta sensación de malestar: a la imposibilidad de estar conforme. Son un oxímoron: textos que parten de la radical convicción de que la literatura ya no le importa a casi nadie y que a la vez pretenden hablar de la literatura desde un lugar que no sea su templo, su jardín vallado, su paraíso perdido.

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 Camila Monasterio

Marta Sanz


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